LAS PALABRAS PINTAN IMÁGENES

9 Diciembre 2018, 12:00 am Written by 
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Es muy conocido el lema de “Pensar bien para vivir mejor”

Efectivamente, tal como uno piensa así se desempeña en la vida. El hombre es lo que su pensamiento le permite ser, está donde está por lo que tiene en la mente, es el principio y fin de todo lo que le sucede.

Es posible que la falta de exigencia o la ley del menor esfuerzo haga que se vea al mundo como una encrucijada con una serie de situaciones adversas. Nos programaron negativamente, en algunos aspectos de vital importancia y dejaron que otros tomen la iniciativa y resuelvan o decidan por nosotros; nos hicieron ver al mundo como un valle de lágrimas y sembraron muy adentro la idea de que la felicidad es un fin: y “vivieron por siempre felices”, el fin de todos los cuentos; cuando la felicidad no es un fin sino un camino.

En algunas ocasiones,  los amigos de nuestros hijos son los que deciden por ellos a qué escuela asistirán, qué programa de televisión hay que ver,  a qué fiesta irán, etc. y los papás nos quedamos tranquilos y hasta, en algunos casos, satisfechos porque nos economizaron esfuerzo en la toma de decisión; pero eso sí, estamos bien preparados para echar la culpa de lo que suceda a todos los seres reales o imaginarios.

  No son pocos los padres que, con la justificación de que son otros tiempos, dejan que los hijos dominen la situación y tomen decisiones inadecuadas, como producto de su inexperiencia e inmadurez.

 En las escuelas de los años cuarenta, las faltas que cometían los escolares, y sancionadas con rigor, eran: correr por los pasillos, masticar chicle, hacer ruido, vestir indecorosamente (con la camisa fuera de los pantalones), no echar papeles en los cestos de basura, etc. En nuestros días las faltas son: robo, consumo de bebidas alcohólicas, atentados sexuales, ausentismo escolar, vandalismo, extorsión, tabaquismo, etc. (según el lugar en el que estemos).

El que diga que estos cambios son buenos, sencillamente, no es consciente. Nuestros hijos tienen la posibilidad de verse ante estos problemas en sus escuelas o fuera de ellas. Es obvio que la tarea del padre en el hogar es más difícil en nuestros días.

¿Qué sucedería si un conferencista, ante un grupo de padres de familia, hablara en favor de la tolerancia del robo, del consumo de drogas, de la homosexualidad, del suicidio, etc. por ser males propios de nuestro tiempo?… y les comunicara que, al siguiente día, les daría la misma conferencia a sus hijos?… seguramente que los padres moverían cielo y tierra para que dicha conferencia se cancelara.

 Cosa curiosa, esos mismos padres, a sabiendas o sin saberlo, les dan a sus hijos dinero para que compren discos y grabaciones en los que se predican las mismas cosas que consideraron escandalosas. El peligro es igual o mayor que las conferencias de tolerancia del mal necesario. Para comprobar esto solamente hay que ir a los expendios de discos y preguntar por los grandes éxitos musicales; sacar copias de la letra y examinar su contenido.

 Los hijos justificarán la compra de los discos diciendo que no lo compran por la letra sino por la música. Lo más grave del caso es que, como estas palabras entran a la mente con música agradable, su impacto es mayor  que el que tendría una conferencia.

 Son grandes las posibilidades de que los jóvenes aprendan a cantar todo esto sin hacer conciencia que las palabras pintan imágenes en la mente y que luego la mente, que no moraliza, las hace realidad porque la palabra es como semilla en tierra fértil.

 La juventud, compuesta por seres humanos en formación, es muy proclive al condicionamiento y con facilidad cree en cualquier cosa de moda y se entrega a ella, sin medir las consecuencias ni el alcance del daño que todo esto puede producir y, más aún, si hay prohibición, los jóvenes se sienten agredidos y hacen “lo prohibido  apetecido”.

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Lic. Carlos del Salto del Salto

Director general del Centro de Estudios John F. Kennedy

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