LOS REYES MAGOS

30 Diciembre 2018, 12:00 am Written by 
Read 104 times

Posible forma de decirle a un hijo quienes son los Reyes Magos

Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escuchar como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta con voz algo baja, como con miedo, le dijo:

- ¿Papá?
- Sí, hija, cuéntame
- Oye, quiero... que me digas la verdad.
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido.
- Es que... -titubeó Blanca
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su esposa, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen otra cosa.
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero...
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me han engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí existen -respondió el padre tomando con sus dos manos la cara de Blanca.
- Entonces no lo entiendo, papá.
- Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
- Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su humilde cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Son muy buenos, queridos Reyes Magos, y les agradezco sus regalos. Les voy a ayudar a realizar este hermoso deseo. Díganme: ¿qué necesitan para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de ayudantes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos ayudantes, no existen tantos.
- No se preocupen por eso -dijo Dios-. Yo les voy a dar, no uno sino dos ayudantes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
- Díganme, ¿no es verdad que los ayudantes que les gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - dijeron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos ayudantes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un ayudante -respondieron cada vez más entusiasmados los tres Reyes.
- Pues díganme, queridos Reyes: ¿Hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de Dios de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que esto quieren y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en sus ayudantes, y que en su nombre entreguen a sus hijos los regalos que desean. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos.  En el momento oportuno, los padres contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Nacimiento, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me quieren y que no me han engañado.
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su alcancía en la mano mientras decía:
- No sé si tendré bastante para comprarles algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, seguramente, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.

Rate this item
(1 Vote)
Lic. Carlos del Salto del Salto

Director general del Centro de Estudios John F. Kennedy

Website: www.jfk.mx
Our website is protected by DMC Firewall!