EN BUSCA DEL TESORO Featured

28 Enero 2019, 12:00 am Written by 
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Un empresario tenía bajo su control a algunos millonarios que le servían fielmente y trabajaban incansables en beneficio de la empresa.

Un periodista le preguntó cómo había conseguido tantos empleados millonarios y el magnate le contestó que aquellos no eran millonarios cuando empezaron a trabajar para él, sino que se habían enriquecido posteriormente, porque los hombres se desarrollan de la misma manera como se extrae el oro de las minas.

En las minas es necesario mover varias toneladas de tierra para obtener algunos gramos de oro; pero uno no va a la mina a buscar tierra, va a buscar oro. 

En la formación de los hijos hay que proceder de la misma manera; no hay que buscar en ellos las imperfecciones, los defectos; busquemos sus cualidades, busquemos el oro, no la tierra. Mientras más cualidades busquemos mejores cualidades encontraremos y tendremos mayores motivos de aceptación. 

Cuando se encuentra una cualidad en los hijos, conviene aplaudir y demostrar el aprecio de dicha cualidad. Todos los padres aman a sus hijos pero pocos son los que se los dicen. El aplauso es lo más eficaz para infundir confianza, es el mejor motivador; pero el verdadero estímulo es más que la palmadita en la espalda o una pequeña distinción en la escuela, el verdadero motivador es el apoyo positivo de los padres en aprobación de las cosas que hacen bien los hijos.

Los estímulos y elogios deben ser muy específicos; por ejemplo si la hija se vistió bien, no basta con decirle: “así te ves más bonita”; sino que hay que especificar bien y decir: “me gusta la manera cómo has combinado tu ropa en esta ocasión”.

Encontrar lo bueno en todas las personas y en todas las situaciones es una destreza adquirida que requiere mucho trabajo y atención permanente; pero como los hijos son dignos de todo amor, bien vale hacer el esfuerzo para convertir en hábito constructivo el aprecio y alabanza de los méritos, por más pequeños que estos sean. Si se aprecian las cualidades es más fácil conocerse y aceptarse porque los defectos se ahogan solos y mueren por exclusión y así los hijos al conocerse se amarán más y estarán dispuestos a amar a los demás y cumplir así un mandato bíblico.

En grupos escolares se han hecho experimentos utilizando el elogio, la crítica y la indiferencia, obteniendo los siguientes resultados: Los estudiantes que fueron elogiados por sus pequeños o grandes logros  mejoraron sorprendentemente; los que fueron criticados y castigados también mejoraron pero en menor escala y solamente mientras había vigilancia y los que no fueron tomados en cuenta permanecieron igual, no mejoraron.

Los niños que crecen en un ambiente de un continuo espíritu de elogio y aprobación, son más felices, más productivos y más responsables que aquellos a los que continuamente se les critica. La cantidad y calidad del éxito depende en gran parte de nosotros mismos. Sin embargo, identificar y aplaudir las cualidades es apenas el primer paso; luego sigue el compromiso de creer en ellos, cambiar con ellos, aplicar y fomentar las habilidades y destrezas en un ámbito de creatividad. 

Todo esto y más se conseguirá en la medida en la que se maneje una actitud mental positiva. Las dos mejores horas del día para reforzar la mente con ideas positivas es al amanecer y al anochecer. 

Conviene motivar a los hijos para que despierten no con el ruido del reloj (mal llamado alarma) sino con la invitación a tener conciencia de que un gran día nos ofrece muchas oportunidades… que sepan los hijos que el despertador no tiene un timbre de alarma sino una voz que pide vivir un nuevo día, que es un timbre de oportunidad que invita a levantarse y salir a disfrutar del día que es una realidad que nos pertenece.

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Lic. Carlos del Salto del Salto

Director general del Centro de Estudios John F. Kennedy

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