
Trabajo, Disciplina y Perseverancia
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Cerrada de Leandro Valle 114,
Fracc. Reforma, Tehuacán
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El papel del docente de Educación Media Superior, particularmente en un Colegio Privado, trasciende la transmisión de contenidos disciplinares para convertirse en una misión profundamente ética y humanista.
La nueva tendencia educativa nos convoca a formar estudiantes íntegros, críticos, solidarios y comprometidos con su comunidad. En este contexto, el ejemplo del docente no es un complemento del proceso educativo: es su fundamento.
“El ejemplo es una orden silenciosa”. Esta afirmación encierra una verdad pedagógica de enorme alcance. Nuestros estudiantes observan más de lo que escuchan; interpretan más de lo que se les explica; y aprenden, muchas veces, más de lo que ven que de lo que se les evalúa. La congruencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos se convierte entonces en un elemento esencial de nuestro ejercicio docente. No se trata únicamente de coherencia profesional, sino de autoridad moral.
Conviene dar valor a los principios como la inclusión, la equidad, la justicia social, la honestidad, la interculturalidad, el respeto a la dignidad humana y la construcción de una cultura de paz. Estos valores no pueden enseñarse únicamente a través de planeaciones didácticas o actividades en el aula; deben encarnarse cotidianamente en la actitud del profesorado. El docente que habla de respeto; pero humilla; que exige puntualidad; pero incumple horarios; que pide responsabilidad; pero evade compromisos; que promueve el diálogo; pero impone sin escuchar, transmite un mensaje contradictorio que debilita la formación integral del estudiante.
En un Colegio Particular, donde frecuentemente se privilegia la excelencia académica, la competitividad y el prestigio institucional, el reto es aún mayor. La calidad educativa no puede medirse exclusivamente en resultados estandarizados o en ingreso a universidades de alto reconocimiento. La verdadera calidad docente implica formar personas íntegras, con pensamiento crítico y conciencia social. Por ello, el docente debe comprender que su conducta cotidiana, su trato con colegas, su forma de resolver conflictos, su manera de ejercer la autoridad, su ética profesional, se convierte en un referente formativo permanente.
“Educar con el ejemplo” es una consigna vital porque la conducta moral y ética del docente deja una huella indeleble en los estudiantes. La adolescencia es una etapa de construcción de identidad; nuestros alumnos buscan referentes auténticos. En este proceso, la figura del profesor puede convertirse en modelo de inspiración o en ejemplo de incoherencia. No podemos exigir honestidad si no la vivimos en carne propia; no podemos pedir sinceridad y compromiso si no demostramos su valor con nuestros hechos. La exigencia ética debe comenzar por nosotros mismos.
La honestidad académica, por ejemplo, no sólo se promueve evitando el plagio o la copia entre estudiantes; se vive cuando citamos adecuadamente nuestras fuentes de información, cuando reconocemos nuestros errores frente al grupo, cuando evaluamos con criterios claros y justos, cuando evitamos favoritismos o prejuicios. La justicia se enseña cuando brindamos igualdad de oportunidades, cuando escuchamos todas las voces, cuando respetamos la diversidad de pensamiento y cuando intervenimos de manera imparcial ante un conflicto.
La congruencia docente también se manifiesta en la manera en que gestionamos la disciplina. En nuestro tiempo se propone una cultura de paz basada en el diálogo y la corresponsabilidad. Esto implica sustituir prácticas autoritarias por estrategias restaurativas y formativas. Si promovemos la resolución pacífica de conflictos, debemos ser los primeros en dialogar antes de sancionar; si hablamos de empatía, debemos practicarla al comprender los contextos familiares, emocionales y sociales de nuestros estudiantes.
En la Educación Media Superior, los jóvenes se encuentran en una etapa de transición hacia la vida adulta. Observan con atención nuestras posturas ante temas sociales, políticos, ambientales y culturales. La neutralidad acrítica puede interpretarse como indiferencia; la radicalidad intolerante, como dogmatismo. La congruencia consiste en sostener principios claros, promover el pensamiento crítico y, al mismo tiempo, respetar la pluralidad. Educar con el ejemplo en este nivel significa modelar el ejercicio responsable de la libertad.
En el ámbito de un Colegio Privado, donde existe un proyecto institucional definido y, en muchos casos, una filosofía particular, el docente está llamado a ser coherente con dicha identidad sin perder su autonomía profesional. La lealtad institucional no implica obediencia ciega, sino compromiso ético con la misión educativa. Conviene fortalecer la comunidad escolar; esto se logra cuando el profesorado actúa con profesionalismo, respeto mutuo y sentido de pertenencia.
Otro aspecto fundamental es la responsabilidad social. Conviene enfatiza el vínculo escuela-comunidad. Es indispensable que el docente fomente sensibilidad ante las desigualdades sociales y promueva acciones solidarias. El ejemplo se concreta cuando participamos activamente en proyectos comunitarios, cuando hablamos con respeto de todos los sectores sociales, cuando evitamos discursos clasistas o discriminatorios y cuando alentamos en nuestros estudiantes una conciencia de servicio.
La congruencia también abarca nuestra actualización profesional. No podemos exigir excelencia académica si no cultivamos el hábito permanente de aprendizaje y desaprendizaje. La preparación constante, la reflexión pedagógica, la apertura a la innovación y la disposición para recibir retroalimentación son formas concretas de educar con el ejemplo. Cuando el docente muestra pasión por aprender, transmite la idea de que el conocimiento no es una obligación escolar, sino una actitud de vida.
Asimismo, el manejo de las tecnologías, la ética digital y la comunicación responsable forman parte del testimonio docente. En la era de la información, nuestra presencia en redes sociales, la forma en que compartimos contenidos y el respeto a la privacidad de los estudiantes constituyen expresiones de nuestra coherencia ética. Educar en ciudadanía digital implica vivirla.
Es saludable poner en el centro la dignidad humana. Esto exige que cada estudiante sea tratado como persona, no como número, promedio o expediente. El ejemplo se manifiesta en la manera en que saludamos, escuchamos, acompañamos y orientamos. Una palabra de aliento, una corrección respetuosa o una orientación oportuna pueden marcar profundamente la vida de un joven. Del mismo modo, una descalificación injusta puede dejar heridas difíciles de sanar.
La autoridad del docente en la Educación Media Superior no se sostiene únicamente en el conocimiento disciplinar ni en el reglamento institucional; se fundamenta en la coherencia ética. Cuando el estudiante percibe autenticidad, reconoce legitimidad. Cuando advierte contradicción, cuestiona la credibilidad. En este sentido, el ejemplo no es un discurso, sino una práctica constante.
Educar con el ejemplo implica también reconocer nuestras limitaciones. La humildad profesional es parte de la congruencia. Aceptar un error, pedir disculpas cuando es necesario, escuchar sugerencias y estar abiertos al diálogo fortalece la relación pedagógica. Lejos de debilitar la autoridad, la humaniza.
Finalmente, el desafío para los docentes de Educación Media Superior en un Colegio Particular, es integrar excelencia académica con integridad ética; disciplina con empatía; exigencia con justicia; liderazgo con servicio. Nuestro actuar cotidiano es una lección permanente. El ejemplo es una orden silenciosa que orienta más que cualquier reglamento.
Comprometámonos con el bien común para que nuestra práctica educativa sea testimonio vivo de los valores que proclamamos. Que nuestros estudiantes encuentren en nosotros no sólo instructores competentes, sino referentes éticos. Que la congruencia entre pensamiento, palabra y acción sea la base de nuestra identidad profesional. Sólo así podremos afirmar que estamos formando personas libres, responsables y comprometidas, a partir de la fuerza transformadora del buen ejemplo.
Cerrada de Leandro Valle
No. 114, Fracc. Reforma.
Tehuacán, Pue. México.
t. 238-38-24368
t. 238-38-27698
c. 238-39-02179