En la Educación Media Superior es frecuente observar prácticas docentes valiosas que, sin embargo, pierden fuerza cuando no existe coherencia institucional.

Mientras un docente exige puntualidad y normas claras, otro las relativiza; en un aula se fomenta el pensamiento crítico y en otra se desalienta al cuestionamiento; en algunas asignaturas hay seguimiento puntual y en otras los acuerdos se diluyen.

La formación integral del estudiante no depende sólo de metodologías innovadoras o del desempeño individual del docente. Requiere coherencia sistémica, corresponsabilidad y consistencia en los marcos de actuación.

La psicología del desarrollo ha demostrado que aprender no implica únicamente recibir contenidos. El desarrollo cognitivo y socioemocional se construye en interacción con estructuras sociales estables. Lev Vygotsky explicó que el aprendizaje se produce en un entramado social organizado. Cuando las normas y expectativas cambian según el adulto frente al grupo, el entorno deja de ser estructurante y se debilita la confianza institucional.

En la adolescencia, etapa predominante en EMS, el cerebro está en proceso de consolidación, de autorregulación, planeación, control de impulsos y toma de decisiones. Por ello, los estudiantes requieren marcos externos claros y sostenidos. Cuando las reglas son consistentes:

  • Pueden anticipar consecuencias.
  • Disminuye la ansiedad.
  • La energía cognitiva se orienta al aprendizaje.

La ambigüedad, en cambio, genera inseguridad. El estudiante concentra su atención en descifrar “las reglas del docente en turno” en lugar de centrarse en los aprendizajes. En ese escenario, cualquier estrategia didáctica pierde base. No se fortalece la autorregulación; se desarrolla adaptación estratégica al adulto.

La coherencia también se juega en el CTE

En el Consejo Técnico Escolar se acuerdan apoyos, seguimientos y acciones para estudiantes con bajo rendimiento o dificultades conductuales. No obstante, cuando dichos acuerdos no se aplican de manera transversal:

  • Sólo algunos docentes sostienen las acciones.
  • Otros flexibilizan criterios para evitar conflictos.
  • Se acreditan asignaturas sin evidencia suficiente de logros.
  • Se solicita intervención directiva sin documentación pedagógica.

Esto debilita el carácter colegiado del CTE y fragmenta la corresponsabilidad. La dirección no puede sustituir el trabajo sistemático del aula, ni el aula puede delegar sin sustento su responsabilidad formativa.

Clave: Corresponsabilidad y cultura común

El Colegio es una comunidad ética, con sentido social y trabajo colaborativo. Esto implica que:

  • Los acuerdos colegiados se traduzcan en prácticas observables.
  • Exista seguimiento y documentación sistemática.
  • Los criterios de evaluación sean congruentes con los aprendizajes esperados.
  • Directivos y docentes compartan responsabilidad en la toma de decisiones.

Un Colegio es una organización formativa. Si los acuerdos funcionan sólo en actas y no en la práctica, la institución termina administrando contradicciones.

Cuando una estrategia no da resultados, suele atribuirse al contexto o al alumnado. Pocas veces se revisa la inconsistencia interna.

Tal vez la pregunta no sea qué nueva estrategia conviene implementar, sino:

¿Estamos dispuestos, como colectivo docente, a sostener con acciones coherentes lo que acordamos desde nuestro marco institucional y pedagógico?