
Trabajo, Disciplina y Perseverancia
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Cerrada de Leandro Valle 114,
Fracc. Reforma, Tehuacán
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La mayoría de las personas se prepara para enfrentar el mundo exterior: el trabajo, el dinero y el éxito.
Sin embargo, muy pocos se ocupan de formar el mundo interior: la responsabilidad, la motivación y el sentido del deber. Cuando sólo se enseña a trabajar esperando recompensa, se crea una insatisfacción constante: mientras más se recibe, más se exige; pero no necesariamente se mejora la calidad del esfuerzo, ni los resultados.
Frases como “si me pagan poco, trabajo poco” reflejan una mentalidad que, aunque común, empobrece la formación personal. Este aprendizaje no comienza en la empresa ni en la escuela: comienza en casa. El reconocimiento justo es importante; pero más importante aún es que los hijos aprendan a hacer bien las cosas por convicción, no sólo por premio.
La familia: la primera escuela del trabajo y la responsabilidad
En el hogar se forma el sentido de responsabilidad, separado del dinero o de la calificación. Desde pequeños, los niños deben aprender que cumplir con sus tareas, escolares o domésticas, es parte de su crecimiento personal. Cuando se reconoce el esfuerzo y no sólo el resultado, se siembra la satisfacción interior del deber cumplido.
Un niño que aprende a trabajar bien, a esforzarse y a servir, será en el futuro un adulto capaz, generoso y competente. El trabajo deja de ser una carga cuando se entiende como una oportunidad para desarrollar talentos y creatividad.
Más que calificaciones: formar personas íntegras
Muchos jóvenes estudian sólo para “pasar” o para obtener una calificación, sin entender que la educación busca el desarrollo integral: conocimientos, habilidades, valores y actitudes para un mundo en constante cambio. Aunque los sistemas educativos han avanzado hacia evaluaciones más completas, la falta de comunicación entre escuela y familia hace que muchos padres sigan enfocándose sólo en la calificación o promedio final.
Es fundamental que padres, maestros e hijos trabajen juntos para valorar el esfuerzo, el progreso y el desarrollo personal, no sólo la nota.
La aceptación: una necesidad básica de los hijos
Muchos adolescentes aparentan seguridad; pero en el fondo no se sienten aceptados ni valorados, especialmente en su propia familia. Esta falta de aceptación puede reflejarse en conductas problemáticas como aislamiento, agresividad, burlas constantes, necesidad excesiva de llamar la atención, falsedad, críticas continuas o preocupación exagerada por las apariencias.
Estas señales no deben ignorarse: son alertas que invitan a los padres a observar, escuchar y, si es necesario, buscar ayuda profesional.
Educar con amor, no con presión
Los primeros años de vida son clave para la formación emocional. Cuando aparecen problemas en la adolescencia, muchas veces tienen raíces tempranas. A esta edad, corregir de forma directa suele generar rechazo. Por eso, es mejor educar con ejemplo, diálogo y acompañamiento, no con imposición.
Recuerde: toda presión genera explosión. El amor auténtico, la aceptación y la confianza son las herramientas más poderosas para formar.
Lo que usted piense y crea sobre su hijo influye profundamente en su conducta. Los hijos necesitan sentirse queridos en casa; cuando no lo logran, pueden buscar aceptación en ambientes dañinos y adoptar conductas de riesgo sólo para sentirse valorados.
Mensaje final para padres jóvenes
Educar no es sólo corregir errores, es formar personas seguras, responsables y capaces de amar y servir. Un hogar donde hay amor, reconocimiento, límites claros y ejemplo constante será siempre el mejor punto de partida para el desarrollo armónico de los hijos.
Cerrada de Leandro Valle
No. 114, Fracc. Reforma.
Tehuacán, Pue. México.
t. 238-38-24368
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