
Trabajo, Disciplina y Perseverancia
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Cerrada de Leandro Valle 114,
Fracc. Reforma, Tehuacán
238 38 24368
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La adolescencia es una etapa decisiva para consolidar el hábito de la lectura.
Aunque muchas familias creen que “ya es tarde” para influir en lo que leen sus hijos, la realidad es que el acompañamiento familiar sigue siendo fundamental, incluso cuando los jóvenes ya leen de forma autónoma o parecen desinteresados.
En esta etapa, leer ya no se trata sólo de aprender a decodificar palabras, sino de comprender el mundo, desarrollar pensamiento crítico, expresar emociones y construir identidad. Por eso, el papel de la familia cambia: pasa de enseñar a leer a crear un ambiente donde la lectura tenga sentido y valor.
Los adolescentes observan más de lo que escuchan. Cuando ven a sus padres leer, libros, artículos, revistas o incluso formatos digitales de calidad, entienden que la lectura no es una obligación escolar, sino una herramienta para la vida. No se trata de imponer, sino de normalizar la lectura en casa.
Es un error pensar que todos los adolescentes deben leer lo mismo o sólo “clásicos”. Las novelas juveniles, la ciencia ficción, la fantasía, los cómics, las biografías, los libros de divulgación o incluso los audiolibros también cuentan.
Lo importante es que los textos:
Dialoguen con sus intereses y preocupaciones
Les permitan cuestionar, imaginar y reflexionar
Estén acordes a su edad y madurez emocional
No todos los libros provocan el mismo impacto en todos los jóvenes, y eso es normal.
Aunque la escuela cumple un papel importante, no puede hacerlo todo. Los profesores trabajan con programas, tiempos limitados y grupos numerosos. Cuando la lectura se deja únicamente en manos del sistema escolar, los resultados suelen ser insuficientes. La familia puede reforzar este proceso con conversaciones, recomendaciones informales y acceso a materiales variados.
Algunos adolescentes presentan dificultades persistentes en la lectura y la escritura, como la dislexia. Hoy se sabe que no está relacionada con la inteligencia, que tiene un componente neurobiológico y que puede acompañarse con estrategias adecuadas. Detectarla a tiempo y evitar etiquetas o comparaciones es clave para proteger la autoestima y el desempeño escolar.
Vivimos rodeados de pantallas, redes sociales y contenidos inmediatos. El reto no es eliminarlos, sino equilibrarlos. A diferencia del consumo digital pasivo, la lectura fortalece la atención, la imaginación, el lenguaje y la capacidad de análisis. Un adolescente que lee con regularidad tiene más herramientas para comprender información, argumentar ideas y tomar decisiones.
Formar lectores no sólo impacta el rendimiento escolar, sino que rompe ciclos familiares de esfuerzo sin dirección, frustración o dependencia. Un joven que lee desarrolla autonomía intelectual, aprende a aprender y se prepara mejor para la vida adulta, el trabajo y la convivencia.
Inculcar el gusto por la lectura en la adolescencia es una inversión a largo plazo. No garantiza caminos fáciles; pero sí jóvenes más conscientes, críticos, analíticos y preparados para enfrentar el mundo.
Quien no desarrolla una lectura comprensiva y reflexiva limita su capacidad de aprender, elegir y crecer.
Cerrada de Leandro Valle
No. 114, Fracc. Reforma.
Tehuacán, Pue. México.
t. 238-38-24368
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